Que nadie lo diga no significa que nadie lo sepa. Por eso rompo mi silencio. Este post es un antes y un después en el mundo informaticocafeínico (informática + café), probablemente me juego en él la integridad del blog o la de mi vida propia, ahora entiendo cómo se siente Julian Assange.
He estado estudiando las cafeterías Starbucks, esa marca elitista y con calidad, de ambiente neoyorquino y relajado, con una buena política social ("Un capuccino". "¿Cómo te llamas?"), una de esas marcas que son caras porque son elegantes.
Mi estudio ha llegado a la conclusión de que hay un fenómeno que arrasa: un cliente potencial, situado en las grandes cristaleras mirando a las personas que hay fuera: esas personas que no entrarán en ese tipo de cafeterías.
Efectivamente, hablamos del Homo Apple. Ese ser que lleva un MacBook y lo luce con su manzanita incandescente encendida en su cubierta. El Homo Apple, frecuenta estos sitios de ambiente relajado para no hacer nada más que mostrar su flamante ordenador, mostrando en pantalla un software muy complicado que solo él conoce o el uso elegante de las redes sociales. El Homo Apple tiene Twitter, pero no Tuenti.
¿Y por qué expongo los resultados de mi investigación? He de enviar un mensaje de alerta. Cuidado, señores lectores, a ustedes y a los dueños de Starbucks. Apple ha lanzado el nuevo MacBook Air, en el que destaca su ligereza y portabilidad. Desde ahora, el Starbucks se convertirá en un auténtico cibercafé de Apple. Existen planes con los que se betará la entrada a los usuarios de Windows o, los que son considerados peores, de Linux.
Cuidado, puede tener un Homo Apple muy cerca de usted. Puede, incluso, que lea un blog escrito por uno de ellos.
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