miércoles, 7 de mayo de 2014

La confesión de Raúl.

Una habitación de hospital. La una y media de la mañana. En la cama, la madre de Raúl, que acaba de salir de una intervención quirúrgica de urgencia tras un accidente de tráfico. Está todavía dormida por la anestesia. Raúl está sentado al lado de la cama en una silla. Raúl mira fijamente la mano de su madre durante una hora. Después empieza a acariciar su mano con cuidado. Un nuevo silencio de media hora. Raúl empieza a hablar y dice:

Mamá, tienes que aguantar. Por favor, mamá, aguanta. Aguanta porque te quiero, mamá. Te necesito, joder. Sé que es una mierda pero te quiero porque te necesito. Necesito que estés conmigo.

¿Te acuerdas cuando me acostabas de pequeño y me decías "duerme bien y sueña con cosas bonitas"? Pues nunca te lo he dicho pero yo no me dormía, mamá. Me quedaba esperando a oír el sonido de la puerta cuando llegaba papá. Todas las noches oía la puerta, oía cómo discutíais y luego oía cómo papá te pegaba. Oía cómo le decías que se tranquilizase para que yo no me despertara. Todas las noches.

Recuerdo también que llegó un momento en el que solo oía la puerta y los golpes. Sin discusiones y sin lamentos. El ruido de la puerta y de los golpes recorría toda la casa. Cuando a papá ya no le hacían falta los gritos. Con la puerta y los golpes le bastaba. Y yo no podía dormir ni soñar con cosas bonitas. 

¿Y sabes por qué, mamá? Porque tenía miedo. Tenía miedo cuando todo el mundo me decía que me parecía mucho a mi padre. Que éramos dos gotas de agua. Que de tal palo tal astilla. No lo soportaba. Tenía miedo de convertirme un día en papá. Miedo de que algún día fuese yo el que abriese la puerta de alguna casa y fuese yo el que diese los golpes. Y ese miedo que no me dejaba dormir sigue rondando mi cabeza. Y sigue haciendo que no sueñe con cosas bonitas. Y ese miedo me hace estar jodidamente solo. 

Estoy solo, mamá. Cuando me dices que por qué no te hablo de chicas es porque no tengo nada de qué hablar. Cuando llego a casa y me dices que con quién habré estado toda la tarde me da vergüenza decirte que he estado solo. ¿Te acuerdas de Patricia, la chica por la que me preguntabas? Pues de Patricia solo me sé el nombre, porque nunca me he atrevido a hablar más con ella. Porque cada vez que estoy con una chica me la imagino pidiéndome que no haga ruido con los golpes para que no despierte a su hijo. Y me imagino a mí mismo abriendo la puerta de su casa y golpeándola sin cruzar ni una palabra. 

Y por eso te necesito, mamá. Por eso necesito que aguantes. Porque me doy miedo a mí mismo y no quiero hacer daño a nadie. Porque tú eres la única mujer que hay en mi vida y no me quiero quedar más solo, mamá. Por eso te quiero. Y te necesito.
                                                                                                                                               
Escrito en la Escuela de Teatro de Mar Navarro y Andrés Hernández.