lunes, 28 de febrero de 2011

Tengo sed. Por culpa de Gadafi.



Tengo sed. Que sirva de precedente. Podría ir a la cocina y servirme un vaso de agua fresquita, o beber directamente del grifo del lavabo; pero me da pereza y prefiero escribir lo que siento el cómo empezó todo...
He de avisarte, querido lector, de que el hecho de hablar de sed y agua puede producir en ti la misma sensación, que sirva de precedente esto también.

Si hay algún culpable de que yo tenga sed, es Gadafi, el líder de Libia que la está liando parda últimamente (como resumen propio de la LOGSE). Todo empieza esta tarde, estaba hablando con la casa de mis tíos, y quería hablar con mi primo pequeño. "Espera un momento, Juan" -ha dicho. Acto seguido, se ha oído cómo el teléfono se posaba sobre una encimera (probablemente encima de ella, deduzco según la palabra). Entonces he podido escuchar un grifo abierto, y a alguien bebiendo con intensidad. "Ya está, -pausa incómoda- estaba bebiendo agua." En este momento, a mí me entra sed. Suele pasar cuando alguien bebe agua y tú no tienes...

Mi primo me explicó de la forma más racional posible para un niño la causa de su sed, que relato a continuación.

Al salir de clase, él siempre va a una tienda de chuches cerca de su casa. Siempre, Doña Rosario, la propietaria, saluda de forma seca mirándolo mal. Suele sospechar de los niños pequeños. "Los carga el demonio", siempre dice. Mi primo dice siempre: "Un combo, Doña Rosario, porfa." (Mi primo no sabe que Doña Rosario odia las palabras apocopadas como finde o porfa...)(Mi primo tampoco sabe que Doña Rosario odia que llame "combo" a la bolsa de chuches combinadas).
Hoy se ha roto la rutina. Doña Rosario, muy orgullosa, ha contestado: "No. Hoy no tengo chuches, no me han llegado". Entonces mi primo ha optado por unas patatas fritas, saladas, claro. Las patatas han sido las causantes de la sed de mi primo, y, por el consiguiente de mi sed.
Pero las patatas no son el culpable, el culpable fue Gadafi.

Cuando mi primo ha colgado, inmediatamente he ido a la tienda de chuches de Doña Rosario, para hacer una investigación. Todo esto, sin haber bebido agua. He pedido un "combo", y he dicho "porfa". Ésto no es investigación, sino orgullo propio. No le quedaban. Me ha explicado que no le quedan porque Don Ramón (o Ramón a secas), el transportista que trae las chuches desde Valencia, no ha cumplido su horario, y no ha entregado los "combos" a tiempo.

Como comprenderéis, he ido a Valencia a hablar con Ramón; sin beber nada de nada, claro. Ramón me ha explicado que no ha podido entregar las chuches a tiempo por su camión. Ramón siempre ha apurado en el trayecto. Sus viajes Valencia-Madrid, duraban tres horas y veinte minutos, su velocidad era constante: 120km/h. Hoy, Ramón se ha dado cuenta de que las señales habían cambiado, ahora debía ir a 110km/h, lo que ha retrasado su entrega y ha llegado a la tienda de Doña Rosario cuando ya estaba cerrada.

Sí. Hoy he leído el periódico, y en él ponía que la velocidad en autopistas ha disminuido a 110km/h. La razón: ahorrar petróleo. No ha hecho falta ir a Libia para seguir la investigación; pero yo he seguido sin beber ni una gota de agua. El precio del petróleo ha subido por la inestabilidad política en Libia. Entre nosotros, porque Gadafi la está liando parda, vamos.

PD: En el tiempo en que se cargaba el post, he bebido agua. Por fin.
                                                                                                                                               

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