martes, 6 de octubre de 2015

Madrid, 6/10/2015
Realizado con: Keynote for Mac
NOTA: He visto que Dani Laguna, de "Lagoon Creatures" dibujó esta misma idea hace un año. Es curioso llegar a un mismo punto sin querer. Pasaos por su web AQUÍ, hay mucho material divertido.
                                                                                                                                              

domingo, 27 de septiembre de 2015

Signos de puntuación.

Me gustaría abrir comillas, empezar con mayúsculas o cerrar interrogaciones.
Pero lo único que hago cuando leo tus puntos suspensivos es quedarme en coma.
                                                                                                                                               

jueves, 24 de septiembre de 2015

Pienso que piensas demasiado.

Si tu cabeza fuera de mayonesa
se te habría cortado por darle tantas vueltas.
Porque piensas demasiado.

Y el día que seas un cerdo
pedirás doble ración de pienso.
Porque piensas demasiado.

Y si te vuelves conservador
te leerás varias veces La Razón.
Porque piensas demasiado.

Y cuando tengas un accidente
no serás capaz de perder el conocimiento.
Porque piensas demasiado.

Y cuando seas una flor
serás un pensamiento.
Porque piensas demasiado.

Por eso sigo esperando
a que dejes de mirarme y me beses.
Porque piensas demasiado.
                                                                                                                                               

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Extraño.

Es extraño que sienta presión por la impresión de mi expresión.

Es extraño que estar quieto me haga estar inquieto.

Es extraño que te extrañes de que te extrañe.

Es extraño que este avión vaya siempre a la capital de Qatar.
Porque va siempre, paradójicamente, para Doha.
                                                                                                                                               

domingo, 6 de septiembre de 2015

Cocinero japonés.

Hay veces que me gustaría ser un cocinero japonés. Un cocinero de esos que tienen cuchillos muy grandes para hacer trocitos muy pequeños con lo que se les ponga por delante. Me gustaría ser el cocinero japonés encargado de cortar las cebollas. Todos los días cortando cebollas. Muchas cebollas. Seguro que lloraría. Lloraría mucho. 

Y así, cuando alguien, o yo mismo, me preguntase que por qué lloro, siempre podría decir que lloro porque estoy cortando cebollas. Y eso me gustaría, sí. Llorar con motivo. Llorar sabiendo por qué se llora. 

Y, además, como yo sería japonés y tendría los ojos rasgaditos, las lágrimas caerían hacia fuera y me recorrerían las mejillas con cuidado, como cuando me acariciabas con las puntas de los dedos. Porque como yo ahora no soy japonés, cuando lloro las lágrimas caen hacia dentro y se juntan en la nariz. Y cuando estoy llorando y caen lágrimas de mi nariz, siempre caen sobre lo que tengo en las manos. Y, ¿sabes qué? Que siempre es una de tus fotos.
                                                                                                                                               

jueves, 3 de septiembre de 2015

Madrid, 4/9/2015
Realizado con: Keynote for Mac
                                                                                                                                               

viernes, 28 de agosto de 2015

Cuando la tarde cae.

Corrubedo (A Coruña), 28/8/2015
Tomada con: iPhone 5S
Editada con: Photoshop
                                                                                                                                               

miércoles, 26 de agosto de 2015

Respiremos.

Respiremos. Respiremos para que expire la conspiración.
Aspiremos a respirar espirando, y no a respirar suspirando.
Transpiremos cosas que inspiren.
                                                                                                                                               

lunes, 24 de agosto de 2015

Pertar.

Ribeira (A Coruña), 24/8/2014
Tomada con: iPhone 5S
Editada con: Instagram
                                                                                                                                              

Sinonimia y policromia. (#esdecires-2)

Aquel rey africano primero se sorprendió y luego sintió vergüenza cuando escuchó cómo el oriental le criticaba.

Es decir: el negro de sangre azul se quedó blanco y luego se puso rojo cuando escuchó cómo el amarillo le ponía verde.
                                                                                                                                               

domingo, 23 de agosto de 2015

A la atención del Padre Justino:

Estimado Justino, soy Teresa Rodríguez Gasón. Soy del barrio y de la parroquia. Voy a oír su misa de doce todos los domingos pero creo que las únicas palabras que nos hemos cruzado han sido exclusivamente las propias del rito de la Eucaristía (algunos amenes, los “alabado sea Dios”, el “la paz sea contigo”…).

Escribo para pedirle, abusando de su solidaridad, un favor: necesito que me confiese a distancia. Así, por carta. He de confesarme ante El Señor antes de irme de este mundo y usted es el único que puede ayudarme a hacerlo. Supongo que es un poco complicado y algo nuevo para usted, pero lo tengo todo pensado: cuando usted lea unas líneas más abajo el “Ave María Purísima” que yo misma escriba, diga en alto “Sin pecado concebida” y continúe con la lectura. Lo que lea después será la propia confesión, que usted tendrá que leer para que Dios se entere -creo que no he de recordarle que todos esos asuntos serán secretamente guardados por usted y que no podrá contárselo a nadie; confío en su buen hacer, Justino-. Puestos los antecedentes, vamos allá.

Ave María Purísima.

Me confieso porque voy a pecar como nunca he pecado en mi vida, y por eso siento la necesidad de confesarme. Voy a cometer uno de los pecados capitales desobedeciendo al quinto mandamiento que dice “no matarás”.

Me voy a suicidar esta tarde, Padre. Sí, me mataré a mí misma (que, dentro de lo que es matar a alguien, creo que a uno mismo es menos grave). Pero si lo hago, es por amor de madre hacia mi hijo Marcos (bautizado, que hizo la comunión, y él dice que no, pero yo creo que acabará confesándose).

Sin rodeos. Creo que lo mejor que le puede pasar a mi hijo Marcos en este momento de su vida es que yo me muera, porque lo de este crío no puede ser. Con veintiocho años y todavía lo tengo en casa, le hago la comida y le sigo diciendo que se ponga una gorra cuando hace sol, que se abrigue con el frío y que se destape con el calor.

Mi niño ha probado de todo en la vida y parecía que no había nada que lo llenase. Empezó cuatro carreras diferentes y ninguna la terminó, siendo Marquitos un estudiante excelente. Y no para de dejar trabajos que no le gustan, y yo le he consentido tantos caprichos que ya no lo puedo reeducar. Ni él tiene ganas, ni yo fuerzas.

Hace dos años cuando dejó de trabajar de teleoperador porque, según decía, se le secaba la boca al hablar, también pensé en matarme por hacerle un favor, haciendo que madurara de una vez. Pero entonces lo descarté porque moriría dejando al pobre Marquitos en lo peor: haciendo la cola del paro y sin nadie que le diga que se abrigue.

Pero desde hace unas semanas está el niño emocionado. Ha visto muchos vídeos de cómicos por el ordenador y dice que ahora quiere ganarse la vida contando chascarrillos por los bares y en las fiestas de los pueblos, que quiere ser humorista, como Gila. Seguro que no es muy bueno pero no lo he visto tan emocionado nunca, así que he pensado que si me muero ahora le pillaré animado y puede tener posibilidades de hacerse un hombrecito.

Mi hijo Marcos esta tarde hará su primer ensayo con público mostrando sus treinta minutos de chistes y bromas. Y el público soy yo. Y el escenario, será el salón de mi casa. Le he dicho que sea puntual y que comience la lectura de su monólogo a las cuatro y media de la tarde. Yo me atiborraré de pastillas a las dos, después de comer. Son unas pastillas que, tomadas en exceso, hacen efecto a las tres horas y le asfixian a una, así que a las cinco en punto tengo previsto dejar de respirar.

Y no solo eso, he pensado que podré hacer que la carrera de mi Marquitos se dispare con mi muerte. Porque solo usted, Justino, usted y Dios, serán los únicos que sabrán que esto en realidad ha sido un suicidio. Quiero que el resto de la gente, y, sobre todo, mi hijo Marcos, piense que yo me he muerto de risa. Sí, fingiré un ataque de risa (he estado ensayando en el baño y creo que es bastante creíble). Estaré pendiente del reloj y, cuando vayan a dar las cinco en punto, haré que me río mucho más, coincidiendo justo con el final del monólogo de Marcos.

Y lo demás, pues ya me lo imagino: con respecto a mí, yo subo al cielo ya que he tenido una vida ejemplar y del único pecado que he cometido, me he confesado por carta. En el cielo me encuentro con mi Antonio que, con estos diez años ahí solo habrá aprendido a cocinar, y así a mí solo me queda descansar, que me lo he ganado. Y aquí en la tierra empieza a resonar en la televisión: “Marcos Bermúdez Gasón, el cómico que mató a su madre de risa”. Y aunque sea por frivolidad, llenará los teatros e irá a la televisión. Y así mi niño empieza con buen pie en esto de los escenarios.

Y aquí termina mi confesión, Justino. Que el Señor la reciba y tenga a bien acogerme en sus brazos.

Justino, sé que esta tarea que le encomiendo es un poco complicada, pero confío en su buen hacer. Es usted un hombre bueno, Justino. Y, como para cuando lea esto yo ya no estaré en este mundo, aprovecho y le digo que es usted el párroco más atractivo que hemos tenido en el barrio, y que cuando me da la comunión y me mira a los ojos, veo la belleza del mismo Espíritu Santo hecha hombre.

Gracias Justino, que Dios le bendiga.
                                                                                                                                               

sábado, 22 de agosto de 2015

El Batido.

Habría que hacer un batido mezclando el sabor de un trozo de la tortilla de patatas de la que hace mi abuela con el chocolate que se le echa a las tortitas, y echarle de esas chuches rojas que parecen regalices pero que tienen una cosa blanca por dentro, y un poco del gazpacho de mi madre, y añadir un par de cucharadas del jarabe para la tos del que tomaba cuando era pequeño, y ponerle la pólvora de la que están hechos esos fuegos artificiales que dibujan palmeras en el cielo, y el olor del mar cuando hay muchas olas. Habría que mezclar todo eso y que estuviera riquísimo, que la gente llorase de emoción al beberlo, que nos hiciéramos ricos por tener la fórmula, y que tuviera tanto éxito hasta que se agotaran todas las existencias. 

Entonces y solo entonces, te daría el último vasito. Y te explicaría que a eso me saben tus besos.
                                                                                                                                               

miércoles, 19 de agosto de 2015

Palabrillas.

Hoy me he dado cuenta de que algunas palabras son el diminutivo de lo que produce la cosa en cuestión a la que hacen referencia esas palabras. Eso les pasa a “sombrilla” o a “descansillo”.

Gracias, filólogos, por disfrutar de vuestro trabajo y hacer de este un mundo más divertido.
                                                                                                                                               

miércoles, 12 de agosto de 2015

No hay derecho.

Él quería ser abogado y fue a la universidad de su ciudad, pero ahí no se podía estudiar esa carrera. Así que se enfadó y dijo: “¡No hay Derecho!”
                                                                                                                                               

jueves, 6 de agosto de 2015

Pasta. (#esdecires-1)

¿Qué tiene el bote de dentífrico que come macarrones y espaguetis de esos que han crecido en el suelo como si fueran hierba solo porque alguien esté pagando dinero por verlo?

Es decir: ¿De qué pasta está hecha la pasta que pasta pasta solo por pasta?
                                                                                                                                               

lunes, 30 de marzo de 2015

Caras.


Madrid, 30/3/2015
Realizado con: Lápiz y Pilot.
                                                                                                                                               

domingo, 8 de marzo de 2015

La vecina.


Madrid, 8/3/2015
Realizado con: Lápiz, Pilot y Tinta china.
                                                                                                                                               

miércoles, 7 de mayo de 2014

La confesión de Raúl.

Una habitación de hospital. La una y media de la mañana. En la cama, la madre de Raúl, que acaba de salir de una intervención quirúrgica de urgencia tras un accidente de tráfico. Está todavía dormida por la anestesia. Raúl está sentado al lado de la cama en una silla. Raúl mira fijamente la mano de su madre durante una hora. Después empieza a acariciar su mano con cuidado. Un nuevo silencio de media hora. Raúl empieza a hablar y dice:

Mamá, tienes que aguantar. Por favor, mamá, aguanta. Aguanta porque te quiero, mamá. Te necesito, joder. Sé que es una mierda pero te quiero porque te necesito. Necesito que estés conmigo.

¿Te acuerdas cuando me acostabas de pequeño y me decías "duerme bien y sueña con cosas bonitas"? Pues nunca te lo he dicho pero yo no me dormía, mamá. Me quedaba esperando a oír el sonido de la puerta cuando llegaba papá. Todas las noches oía la puerta, oía cómo discutíais y luego oía cómo papá te pegaba. Oía cómo le decías que se tranquilizase para que yo no me despertara. Todas las noches.

Recuerdo también que llegó un momento en el que solo oía la puerta y los golpes. Sin discusiones y sin lamentos. El ruido de la puerta y de los golpes recorría toda la casa. Cuando a papá ya no le hacían falta los gritos. Con la puerta y los golpes le bastaba. Y yo no podía dormir ni soñar con cosas bonitas. 

¿Y sabes por qué, mamá? Porque tenía miedo. Tenía miedo cuando todo el mundo me decía que me parecía mucho a mi padre. Que éramos dos gotas de agua. Que de tal palo tal astilla. No lo soportaba. Tenía miedo de convertirme un día en papá. Miedo de que algún día fuese yo el que abriese la puerta de alguna casa y fuese yo el que diese los golpes. Y ese miedo que no me dejaba dormir sigue rondando mi cabeza. Y sigue haciendo que no sueñe con cosas bonitas. Y ese miedo me hace estar jodidamente solo. 

Estoy solo, mamá. Cuando me dices que por qué no te hablo de chicas es porque no tengo nada de qué hablar. Cuando llego a casa y me dices que con quién habré estado toda la tarde me da vergüenza decirte que he estado solo. ¿Te acuerdas de Patricia, la chica por la que me preguntabas? Pues de Patricia solo me sé el nombre, porque nunca me he atrevido a hablar más con ella. Porque cada vez que estoy con una chica me la imagino pidiéndome que no haga ruido con los golpes para que no despierte a su hijo. Y me imagino a mí mismo abriendo la puerta de su casa y golpeándola sin cruzar ni una palabra. 

Y por eso te necesito, mamá. Por eso necesito que aguantes. Porque me doy miedo a mí mismo y no quiero hacer daño a nadie. Porque tú eres la única mujer que hay en mi vida y no me quiero quedar más solo, mamá. Por eso te quiero. Y te necesito.
                                                                                                                                               
Escrito en la Escuela de Teatro de Mar Navarro y Andrés Hernández.

jueves, 24 de abril de 2014

Antenas. Cementerios de televisores.


Madrid, 21/4/2014
Tomada con: iPhone 5S
Editada con: Instagram
                                                                                                                                               

miércoles, 8 de enero de 2014

Azul.

Madrid, 8/1/2014
Realizado con: Acuarela, Rotulador y Pilot.