jueves, 27 de enero de 2011

Twitteros: mentirosos compulsivos.



Ya lo dice el refrán: "Se pilla antes a un usuario de twitter, que a un cojo". Y es totalmente cierto. La red social nace en 2006, con la idea de que los usuarios registrados actualicen su perfil escribiendo de forma obsesiva lo que están haciendo justo en ese momento. Este sistema tiene un fallo: la "mentirosidad" que lleva intrínseca.

En el momento en el que un usuario "tuitea" lo que está haciendo en ese espacio de tiempo, miente. La mayor parte de los usuarios usan el gerundio, así como: "Comiendo con mis padres en su casa, mi madre ha hecho mi comida favorita, me recuerda a la infancia, llevaba muchísimo tiempo deseando comer " (Sí, se queda corto, pero sólo solo tienes 140 caracteres). Estrictamente hablando, eso es mentira. Lo que estás haciendo no es comer con tus padres, sino actualizar tu twitter. Con lo que un usuario que no miente, escribiría algo así como: "Actualizando el twitter." No miente, pero el propio hecho de no mentir, sería la causa de sus pocos followers.

La tonteoría defiende que la CIA es el organismo que creó twitter para así captar a todos los mentirosos compulsivos: los usuarios activos de twitter. Una vez conseguidos los datos de todos esos mentirosos compulsivos, los colocarán en puestos laborales en los que se requiera mentir, como políticos, banqueros, polis buenos, mafiosos, magos, periodistas parciales, vendedores de cosas absurdas, o mentirosos aficionados: amateurs. De este modo colocan a gente que miente en puestos que lo requieren: una medida contra la crisis. Poco ético, pero efectivo. El tweet justifica los medios.

Para terminar, diré que en este momento estoy escribiendo un post. Con la verdad por delante.
                                                                                                                                               

jueves, 20 de enero de 2011

Ley Antifritanga.



Madrid, 20/1/2020

La población está dividida. El caos reina en las calles y éstas huelen a... fritanga. ¿Por qué? La reforma de la ley anti fritanga se hizo efectiva el pasado 2 de enero.
Por un lado, están aquellos que respiran hondo y son felices porque su ropa no huele a aceite de freidora. Por otro, aquellos reaccionarios que quieren inundarse de ese olor fuerte y disfrutar de las comidas tan sanas que se bañan y se doran en la grasa acumulada durante décadas.

Al segundo colectivo le está prohibido cocinar o comer cosas fritas en lugares públicos cerrados, por lo que debe hacerlo en la calle. Los bares intentan facilitar su estancia echando a la calle los nuevos calefactores de energía ortográfica (funcionan cuando dices enunciados o locuciones como "Sin encambio", "Contra más...", "Ya me le sé"...), pues el petróleo vio su fin a mediados de 2012, se lo bebió Massiel...

Centrémonos en el caso de Benito: "Pensaba que me habían despedido sin razón aparente, pero mis compañeros me lo han aclarado: me han despedido por mi fuerte olor corporal. Desde que la freidora salió a la calle ya nada es lo mismo". Como el suyo, hay otros muchos casos. Ahora en la puerta ya no se fijan en la ropa que llevas, sino en la colonia.

Hoy han salido a las calles para manifestarse contra la ley antifritanga los fabricantes de servilletas de papel de los bares (esas que cuando las toca una gota de aceite se vuelven transparentes, pero mantiene el texto de "Gracias por su visita"). Se han manifestado justo antes de la manifestación de los fabricantes de freidoras (19h), y después de la manifestación que han promovido a favor de la fritanga Falete y María del Monte (17h).

La ministra de Sanidad, Leire Pajín, está contenta y está preparando la ley anti sobaco para el 2030, cuando está previsto que haya acabado con la vida de los fritangueros por pulmonías al estar en la calle, como hizo en 2013 con los fumadores.

Como veis, amigos y compañeros, todo sigue igual. No os preocupéis, que llegaréis a verlo...
                                                                                                                                               

jueves, 13 de enero de 2011

StarMac.



Que nadie lo diga no significa que nadie lo sepa. Por eso rompo mi silencio. Este post es un antes y un después en el mundo informaticocafeínico (informática + café), probablemente me juego en él la integridad del blog o la de mi vida propia, ahora entiendo cómo se siente Julian Assange.

He estado estudiando las cafeterías Starbucks, esa marca elitista y con calidad, de ambiente neoyorquino y relajado, con una buena política social ("Un capuccino". "¿Cómo te llamas?"), una de esas marcas que son caras porque son elegantes.

Mi estudio ha llegado a la conclusión de que hay un fenómeno que arrasa: un cliente potencial, situado en las grandes cristaleras mirando a las personas que hay fuera: esas personas que no entrarán en ese tipo de cafeterías.

Efectivamente, hablamos del Homo Apple. Ese ser que lleva un MacBook y lo luce con su manzanita incandescente encendida en su cubierta. El Homo Apple, frecuenta estos sitios de ambiente relajado para no hacer nada más que mostrar su flamante ordenador, mostrando en pantalla un software muy complicado que solo él conoce o el uso elegante de las redes sociales. El Homo Apple tiene Twitter, pero no Tuenti.

¿Y por qué expongo los resultados de mi investigación? He de enviar un mensaje de alerta. Cuidado, señores lectores, a ustedes y a los dueños de Starbucks. Apple ha lanzado el nuevo MacBook Air, en el que destaca su ligereza y portabilidad. Desde ahora, el Starbucks se convertirá en un auténtico cibercafé de Apple. Existen planes con los que se betará la entrada a los usuarios de Windows o, los que son considerados peores, de Linux.

Cuidado, puede tener un Homo Apple muy cerca de usted. Puede, incluso, que lea un blog escrito por uno de ellos.