Hoy, 22 de noviembre de 2012, he escuchado a gente a la que se le da muy bien hacer lo mismo que hacen los teléfonos cuando uno llama y nadie contesta: comunicar. Afortunadamente, he salido vivo.
Ha tenido lugar la segunda edición de ‘Talento Comunicativo’ en la Universidad Complutense de Madrid, así que la Facultad de Ciencias de la Información se ha convertido en un campo de batalla.
La guerra ha comenzado a las 9 de la mañana con el ataque periodístico de las tropas de vanguardia, con una nueva estrategia bélica conocida como “Conferencia”. Estas primeras tropas han sido capitaneadas por Ignacio Escolar, director de eldiario.es y fundador del periódico Público, quien ha sorprendido a la audiencia ametrallándola con una munición cargada de ganas y de inspiración. No contento con ello, ha lanzado unas granadas al patio de butacas compuestas por una nueva mezcla más peligrosa que la pólvora: el optimismo y la practicidad en tiempos de crisis.
Sin tiempo para la actuación de los servicios médicos y con el público todavía herido en sus asientos, llega al campo de batalla la infantería, formada por científicos armados de periodistas.
La sala se ha convertido en un campo de tiro. Tras los primeros ataques de los ponentes, se ha llevado a cabo un método de lucha llamado “Responder”. Preguntas y respuestas con una carga muy fuerte de interés han sobrevolado nuestras cabezas. La batalla ha tenido como claro vencedor a los miembros de la comunidad científica comunicativa, que no ha provocado muertes pero ha causado rasguños y heridas por la explosión de la mezcla perfecta de ciencia y comunicación, poco común y más fácil de lo que parece.
Suenan cornetas y aparece la caballería, formada por directores de comunicación. Su ataque ha sido sencillo, han querido sembrar el caos en la sala con un método clásico: “el debate”.
Con la audiencia recuperándose en las butacas, el atacante aprovecha para poner medallas a los méritos bélicos de sus soldados del ejército comunicador. Suben a escena a recoger las medallas Concha Velasco y su medalla del Talento Comunicativo en Comunicación Audiovisual, Arsenio Escolar, que también se lleva una medalla por el Talento Comunicativo de la comunicación en Periodismo; y Pablo Alzugaray, por su comunicación en Publicidad. Son personas que han llevado a cabo métodos muy agresivos, gente que comunica a discreción, que tiene almacenes repletos de municiones de talento.
Ha habido una tregua para comer, pero, cuando nadie se lo esperaba, han entrado en las trincheras Felipe San Juan y Mikel Grande. De una forma directa, armados con un Power Point, han dejado al público afectado de nuevo, habiendo usado un ataque doble: la creatividad de la agencia publicitaria y la voluntad del anunciante.
Cuando aparecían banderas blancas en la sala, entra el ejército aéreo, conocido como “el ejército publicitario”. Rugen los motores de sus aviones en forma de comentarios. El público hace preguntas que lanzan y chocan con la chapa de sus aeronaves. Y, finalmente, los aviadores publicitarios envían al patio de butacas una bomba nuclear llamada “Mesa redonda”, cuya energía no proviene de una reacción nuclear, sino del ritmo frenético de preguntas y respuestas.
Tras la explosión nuclear, como es evidente, acabó la segunda edición de Talento Comunicativo porque nadie podía continuar: las reservas de talento habían sido esparcidas por el campo de batalla.
Será por mi peculiar descendencia de las cucarachas, pero he podido sobrevivir al ataque nuclear, y a todos los recibidos en esta jornada. Y aseguro que me encantaría que hubiese más guerras como ésta, porque la Comunicación es un arma cargada de talento. Porque hoy casi muero. Casi muero de ganas, de admiración a gente tan ejemplar, y de optimismo hacia este futuro del que tan responsable me siento...